Hielo enquistado en el alma.
Silencio opaco.
Herida del pasado.
Encarnas en mi mente la siniestra sombra.
¡Vienes a verme!
Eludo el encuentro ensortijando esperanzas que diluye el instante.
Vendrás mañana.
Dame tiempo.
Él se me escapa.
No entiendo el sentido del dolor para permanecer en desazón.
Aún así, permanezco adherida a la esperanza.
Me quedo en él sintiéndolo testigo de mi ser.
Muchas muertes sucesivas construyen esto que doy en llamar mi vida.
Renacer a cada paso esperando sobre un tapiz desollado de espanto.
Reír o sonreír en el espejo para animar el nuevo paso.
Mirar de ser en un estado no ingrato.
Contener con diques las aguas que vienen a derribarlo.
Sentimiento alejado bajo el juego de apariencia de lo bueno en el pasado.
Sombras siniestras se reposaron como poso en la ciénaga de lo extraño.
Una tímida luz aparente en cada paso.
Apariencia descubierta como algo real y regalado.
Todos los seres vivos deberíamos tendernos la mano.
Nos miramos con inquina a cada paso.
Deshacemos con los actos las palabras lisonjeras que usamos.
Respondemos con el quiebro del desdén y rechazamos.
Somos víctimas del puñal que apretamos con el puño ensangrentado.
